Castles of mad king Ludwig, cimientos históricos

Luis II, monarca de Baviera entre 1864 y 1886 ha pasado a la historia con el sobrenombre de El rey loco. De entre los rasgos de su excéntrico comportamiento, uno de los mas famosos es su obsesión con la arquitectura. Durante su reinado, ideó y supervisó personalmente la construcción de tres fastuosos castillos que aun hoy se mantienen en pie . Esta empresa ocupó la mayor parte de su vida adulta y mermó considerablemente las arcas de la familia real. Su legado arquitectónico incluye el castillo de Neuschwanstein, un imponente palacio de fantasía que no llegó a ver terminado y que a día de hoy es el monumento mas visitado de Alemania.

Castles of mad king Ludwig, diseñado por Ted Alspach, se inspira en este periodo histórico. En este juego, deberemos convertirnos en maestros constructores y erigir un impresionante castillo. Para hacernos con la victoria, habremos de seguir los caprichosos designios del monarca. Loseta a loseta cada jugador va levantando su proyecto. Cada habitación que coloquemos nos hará avanzar en el marcador, pero tendremos que tener cuidado de construir con cabeza. Estar atentos a nuestros rivales y tener vista a la hora de comprar habitaciones resultará fundamental.

Comenzando las obras

La preparación de Castles of mad king Ludwig es bastante ligera. Solo tendremos que colocar cada tipo de loseta y las cartas en sus espacios en el tablero. Su cantidad varía en función del número de jugadores. Luego, establecemos el mercado de losetas inicial y elegimos al primer maestro constructor. Y listo. Tan sencillo como resulta el resumen de un turno. Cada ronda, el maestro constructor ordena las losetas disponibles, decidiendo su precio. Después, cada jugador compra una y la coloca en su castillo. El puesto de maestro constructor rota, y este repone los espacios que hayan quedado en el mercado. Y vuelta a empezar. El núcleo jugable de Castles es sencillo, pero hay dos factores que embrollan las cosas mas de lo que podría parecer.

Maestro constructor: Uno trabajando y cuatro mirando

En primer lugar, están las cartas de bonificación y las losetas de favor. En cada partida, se colocan al azar tres losetas de favor que suponen jugosas bonificaciones en puntos al final. Construir de acuerdo a estas losetas nos puede dar muchas alegrías en forma de bonus. Por otra parte, al principio recibimos tres cartas de bonificación de las cuales conservamos dos. Podemos robar mas durante la partida, pero todas se mantienen en secreto hasta el final. Estas cartas suponen requisitos a la construcción que se traducen en mas puntos si las completamos. Por un lado, nos pueden servir de guía para saber por donde empezar a construir, pero por otro, si las usamos con cabeza, pueden claves a la hora de llevarnos la partida.

En segundo lugar, esta la que es para mi la mecánica mas imaginativa del juego: El turno del Maestro constructor. Esta posición, que va rotando, nos da el control sobre los precios de las habitaciones y supone que el resto de jugadores nos pagan a nosotros sus habitaciones. En esencia termina funcionando como una subasta. Podemos encarecer a los rivales las habitaciones que pensamos que van a intentar llevarse, pero sin pasarnos, ya que de nuestro rendimiento en esta fase, dependerán en gran medida nuestros fondos para el resto de la ronda. Buscar este equilibrio es uno de los puntos fuertes de Castles of mad king Ludwig.

Un edificio bien asentado

Estamos ante un juego mas profundo de lo que parece en principio. De esos fáciles de aprender y difíciles de dominar. Identificar bien las oportunidades y ser flexibles con nuestra estrategia se combina con la necesidad de afilar el ingenio para explotar la fase de subastas. Esto puede llevarnos algunas partidas, pero es cierto que resulta muy satisfactorio casi desde el principio.

Entre sus puntos mas negativos estarían su dependencia del azar y también la calidad de sus componentes, que, aunque vistosos, resultan algo difíciles de leer, sobre todo al principio. Aun así, Castles of mad king Ludwig es un acercamiento refrescante a los juegos de construcción y mucho mas divertido de lo que cabría esperar. Lo sencillo de explicar que resulta lo hace bastante accesible, pero se le adivina un alto valor rejugable por la variedad de estrategias. Si no os molesta un poco de azar, lanzaos a por el.