En una reunión hace unos días hablábamos sobre cómo empezó nuestro proyecto. Nos acordamos del principio del blog y de los primeros pasos de la tienda. Pero, siendo honestos, todo esto empezó antes. Hoy os hablamos un poco de nosotros a través de los juegos que nos conquistaron desde pequeños, del encanto de las primeras veces y la evolución de nuestra afición.

Como la mayoría de primeras veces, el primer juego es inolvidable.

La afición a los juegos de mesa suele venir de la infancia. Muchos de nosotros empezamos a jugar bien pequeños y de adultos no estamos dispuestos a soltar los dados. Pero en este caso hay ciertas peculiaridades y es que  los juegos de mesa tienen esa capacidad de ser diferentes en cada partida. Además nos sentamos frente a un hobby que nos ofrece opciones diversas por edad, gustos y momentos. Cada vez que montamos un tablero nos sentamos delante de un recuerdo nuevo. Las personas con las que compartimos tiempo delante del tablero, escoger el juego, aprender a jugar o simplemente buscar la excusa para abrir la caja y bichear los componentes.

Una pequeña retrospectiva.

Nos acordamos de nuestras primeras partidas de rol en las vacaciones en casa de nuestra abuela. Con menos de diez años, eran poco más que una extensión del juego simbólico de la edad. Igual jugábamos a tener una tienda que nos hacíamos una ficha a mano de algún juego inventado y a tirar los dados.

Pasamos un terror televisivo jugando a Atmosfear. A principios de los 90 llegó a España un juego de mesa con la peculiaridad de incluir un VHS que funcionaba como narrador y cronómetro. En la actualidad hay distintas versiones del mismo incluyendo una edición 20 aniversario y una opción con aplicación movil.

Años después llegaron las sobremesas de Catán en verano. En aquel momento teníamos una edición de madera que venía dentro de dos saquitos de tela para llevarlo. El ladrón era una especie de meeple negro cilíndrico y los caminos ciydades y poblados eran de madera. Quince años después de aquellas primeras partidas, la saga Catán  cuenta con más de una docena de títulos que llevan el universo de Catán a opciones para dos jugadores, versiones de viaje o incluso spin-offs. 

Eso solo fue el principio

Después de esto no hubo forma de pararlo. Vino el Bang! en aquella primera edición en italiano. Este juego de cartas nos pone en el centro de un tiroteo al más puro estilo Sergio Leone. Nos esconderemos detrás de barriles, nos robaremos las pistolas o incluso nos retaremos a duelos. En la parte inferior de las cartas tenemos una especie de explicación en pictogramas que lo hace altamente comprensible y que por aquel entonces ya atendía a la diversidad. Uno de los juegos de cartas con una guía en imágenes mejor ejecutada que hemos jugado. Expansiones, reediciones y reimpresiones han florecido con los años en esta saga familiar.

Las cartas parecían ser lo nuestro y nuestra siguiente obsesión fue Munchking. El juego con tintes cómicos emula la exploración de una mazmorra. Tendremos opciones entre abrir una nueva puerta destapando una carta o escoger enfrentarnos con algún monstruo propio. Los riesgos son múltiples, enfrentarte a una terrible nariz moqueadora, sufrir un cambio de clase o verte maldito con un aberrante pato en la cabeza. Se une a la lista de juegos que con los años se han consagrado como saga. Adaptaciones temáticas, nuevos elementos como monturas y centenares de cartas de exploración amplían la experiencia de juego. La devoción por el juego llegó tan lejos que un gran amigo me cedió un maletín espléndido para poder transportarlo como es debido. Un último dato biográfico, en  2005 llevé el juego a casa de un conocido de mi mejor amiga. Ese día vinieron otros desconocidos de este conocido y bueno, cuatro mudanzas, tres ciudades y quince años después no hemos dejado de jugar.

De las cartas a las miniaturas

Hasta que en el verano de 2007 hicimos un cambio de género. Volvimos al tablero y las miniaturas y llegó la primera edición del Descent. No exageraríamos al decir que invertimos el 48,3% del verano jugando. En este juego exploramos una mazmorra en la que uno de los jugadores adopta el rol de «villano» y el resto serán los héroes. La experiencia semi cooperativa, el pulso constante y la endemoniada línea de visión le dan un toque emocionante y adictivo a este juego que por su tamaño desplegábamos en tres mesas distintas. Descent cuenta con una nueva edición que incorpora de base el modo campaña y mantiene toda la calidad estética, el mimo en los detalles y el encanto en la jugabilidad.

Hace unos años los juegos pasaron de afición a oficio. No olvidamos estas primeras partidas a las que hoy hacemos un pequeño homenaje. Esperamos haber transmitido algo de nuestra pasión por el tablero y animaros a compartir las vuestras.