Segunda entrega de nuestras recomendaciones para regalar en navidad, os dejamos algunas pinceladas de algunos de nuestros juegos favoritos entre 5 y 8 años.

A los cinco o seis años llegamos a una edad en la que es frecuente aprender tanto a escribir como a leer, lo cual es interesante por dos razones. La primera es que nos abre un nuevo campo a nivel de capacidades cognitivas, lo cual nos puede llevar a mecánicas de juego más elaboradas. Ya podemos entender un pequeño texto al pie de una carta, barajar un par de opciones por turno, incluso incluir mecánicas nuevas en la observación selectiva y la reacción. Por otro lado, hay una carta a la que ningún niño ni ninguna niña querría enviar tarde. Posiblemente sea la única carta que escribirán a mano en todo el año, y  desde Misifú queremos daros algunas ideas.

Valle de los vikingos

En el Valle de los Vikingos tendremos que tumbar los barriles del centro del tablero con una piedra rodante. ¿Puede haber algo mejor que tirar barriles a golpe de piedra? Haba nos sorprende con otro de sus despliegues de componentes espectaculares. Unos barcos vikingos y una aldea en la que se está compitiendo en lo que podríamos considerar una versión menos refinada de una partida de bolos. Por si fuera poco tendremos un juego de estrategia aparejado, según qué color de barril derribes iremos moviendo las fichas de nuestros personajes en un marcador que nos llevará al valhalla y a la victoria. Estéticamente inconfundible y condenadamente entretenido.

 

 

 

Sherlock expres

Elemental querido jugón. Seremos mini detectives en busca de un culpable y seguiremos una serie de pistas para descartar al resto de los sospechosos. Al abrir la caja, desplegamos un juego de cartas para toda la familia basado en la observación selectiva y la deducción. En el centro tendremos las cartas de sospechosos y por turnos destaparemos una ronda de pistas que nos lleven a descartarlos. Al darle la vuelta a nuestras cartas sabremos por ejemplo, que no leva gorro, que no tiene bigote y que no ha estado en el parque. Busca rápidamente entre los sospechosos y encuentra al único culpable. Por si fuera poco, las ilustraciones y la presentación del juego son una absoluta delicia.

 

Picture Show

En este party game de lo más creativo, nos turnaremos para ser el Maestro de las sobras y dar pistas al resto de compañeros. Para esto utilizaremos un juego de sombras chinescas con un telón blanco, un foco proyector y unas figuras en negro. Formaremos dos equipos que se alternan la posición central en el juego para dar pistas y que empiece el teatro. Uno de los elementos más llamativos de este juego es el medidor de tiempo que funciona con el foco, unos parpadeos y después se apagará solo.

 

Crazy clack

En este juego tenemos una mecánica rápida, sencilla y comprensible que no os permitirá jugar una única partida. Sobre la mesa desplegamos unas fichas imantadas con distintas figuras de colores en la parte superior. Tiraremos dos dados uno con colores y el otro con figuras. Después observamos las fichas y apilamos todas las que tengan esa combinación. La mecánica es sencilla pero no podréis jugar una única partida.

 

 

Pijamas a la cama

Hay un lío de camas en palacio. La familia real (incluido el real perro) no da con cual es su cama ni su pijama pero lo que si que tienen claro es que los fantasmas no quieren verlos ni en pintura. En Pijamas a la cama tenemos un juego de memoria con unos componentes muy originales para no dejar indiferente a nadie. Desplegaremos las camas en el centro de la mesa y, bajo ciertas normas de movimiento, iremos desplegando sobre estas a los miembros de la familia real. Cuando toque la carta de fantasma, del puro susto monárquico, los taparemos a todos con una manta. Aquí empieza el juego de memoria, ¿Dónde hay un monarca enpijamado en tono azul? ¿Dónde estaba acostada su alteza la reina? Apostaremos para ver cuál es la memoria más ávida.